Yo tengo un sueño. Mi sueño no es que, algún dÃa, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad. No, ese no es mi sueño, ese era el de MartÃn Luther King. Mi sueño es más simple y egoÃsta, ni siquiera merece que me metan un balazo o que espÃen mis cajones. Ni siquiera es único, son varios, ataditos de manos, todos simples y medio bobalicones. Pero este post no se trata de mis sueños. Les explico:
Anoche salÃa de la facultad y un amigo me acompañó al metro de Ciudad Universitaria, hablando pim-pum-pam… me cuenta su sueño, para el que se ha preparado toda la vida:
Va a un concierto de JoaquÃn Sabina y en pleno asunto el tipo sufre un ataque, algo no muy grave pero que le impedirá cantar hasta dentro de unas horas.
Con la voz entrecortada y para calmar a las miles de personas que asisten, Sabina pide que alguien del público le acompañe en el escenario, alguien que se sepa todas sus canciones. Los reflectores pasean por toda la sala, van y vienen hasta que se quedan fijos sobre mi amigo, no sabe que pasa…el momento ha llegado… se ha preparado toda la vida para esto. La luz cenital del foco está apuntándole…él va a cantar con Sabina.
Ese es el sueño de mi amigo. Tampoco merece que le metan un balazo o le espÃen los cajones, lo cual me hace pensar que si Martin Luther King simplemente hubiese aspirado cantar con Billie Holliday o con Aretha Franklin, aún estarÃa vivo.
Y cuál es tu sueño? Ojo!, no quiero que te espÃen los cajones, asà que piensa bien lo que escribes. Un sueño puede ser asunto de vida o muerte.