Cuando los años te minan la vida y las amarguras disfrazadas de alegrÃas se hacen dueña de tu historia, es muy difÃcil contentarse y la felicidad más parece una mueca de conformismo. A mis abuelos no les pasa eso, el Galeano y el Bene están felices, no murieron sin ver el final de 174 años de hegemonÃa de centroderecha en su paÃs.
Por el paÃs de la oficinas, el paÃs de Alma S. (que viajó a votar después de años sin pisar Uruguay), firme Alma de dientes amarillos y manos de izquierdosa, añejadas con cigarro y preocupaciones.
Por el paÃs de las oficinas, Santomé tomando un café con Laura Avelleneda y el Bene espÃando detrás de un periódico standard.
Por el paÃs de las oficinas, el de los milicos adoptando a los hijos de sus vÃctimas, las que reventaron en los calabozos.
Por el paÃs de las oficinas, el que parecÃa, según Galeano, un paÃs habitado por argentinos luego de tomar un valium. Un paÃs de no creyentes, de abuelos nihilistas.
Entonces queridos viejos, querido Galeano, querido Bene, sepan que sus alegrÃas renovadas me sirven, que sus esperanzas de décadas me sirven, que sus sueños me sirven, sus luchas fortalecen estos 25 años que me sostienen. Ya no apeligramos ganar, ahora apeligramos construir sin dejar de creer.
pd: El artÃculo de Eduardo Galeano es insuperable.